Viajes de Merus: Rusia
Idiomas: Inglés, Alemán, Francés, Español
El contacto con nuestros clientes y distribuidores de todo el mundo es una de mis tareas como director general de Merus. Naturalmente, esto implica viajar mucho. Con el tiempo he visitado todos los continentes. Durante algunos años de fuerte crecimiento, dimos el equivalente a dos o tres vueltas al mundo al año. «Cuando alguien sale de viaje, tiene historias que contar». También es mi caso, y me han pedido que comparta algunas experiencias y anécdotas de mis viajes.
Rusia
A principios de los años 2000 volé por primera vez a Rusia. En aquella época todavía se viajaba sin teléfonos inteligentes. Este primer viaje me llevó de Alemania a Moscú y, desde allí, a Ekaterimburgo. Esta ciudad está situada al sur de los Urales y también se conoce como la puerta de Siberia. Al aterrizar en Moscú, al principio tuve una sensación extraña. Desde mi infancia, Rusia había sido «el enemigo», y ahora aterrizaba sin más en Moscú Sheremetyevo. Unos años antes habría sido impensable. El siguiente vuelo, con Aeroflot, debía salir de un aeropuerto local. Recogí mi maleta y me dirigí al mostrador de taxis del aeropuerto. Por suerte, la señora del mostrador hablaba inglés. Dije adónde iba y pagué 50 euros. Una persona me condujo a un taxi Lada y nos pusimos en marcha; confiaba en que el taxista supiera lo que hacía. Y lo sabía, pero de una forma distinta de la que yo pensaba. Ya había oscurecido, pero me di cuenta de que solo estábamos rodeando el aeropuerto. Menos de 10 minutos después, volví a bajarme al otro lado del aeropuerto. Y pensé: «Bienvenido al capitalismo».
Ekaterimburgo
En Ekaterimburgo hacía muchísimo frío. Mi intérprete era una joven estudiante que hablaba inglés bastante bien. Llevaba un abrigo largo y un gorro de piel blanco. Llamábamos la atención al caminar por la ciudad. En realidad, quien llamaba la atención era ella; yo, como mucho, despertaba envidia. El gobierno provincial había organizado una reunión con representantes del abastecimiento de agua, de la calefacción urbana y con científicos. Algunos de estos científicos eran miembros de la Academia de Ciencias de la antigua Unión Soviética. Por tanto, estaban entre los 50 científicos más destacados del país. Entonces me encontré ante cuestiones de las que nunca había oído hablar. Uno quería hablar del teorema de Bohr; otro, de la teoría de la incertidumbre de Heisenberg. Ambos temas quedaban muy lejos de mis conocimientos. Apenas puedo explicar esas cosas en alemán, y las traducciones ruso-inglés-alemán de mi pobre intérprete tampoco ayudaban.
Moscú, 2003
El viaje de regreso me llevó a Moscú. Me alojé en un venerable hotel estalinista, o más bien una fortaleza, situado junto a la Plaza Roja. Desde mi habitación podía ver la catedral de San Basilio. El hotel dejó de existir hace ya mucho tiempo.
Por la noche estaba solo y crucé la calle hasta la Plaza Roja. Estaba oscuro y hacía frío. Aparte de mí, no había nadie: tenía la Plaza Roja entera para mí. Salvo dos guardias que se helaban junto a sus garitas mientras vigilaban el Kremlin. La basílica estaba cerrada, por supuesto. Pero pude rodearla sin que nadie me molestara y admirar su belleza desde fuera.
Moscú, 2019
He vuelto a Rusia varias veces; el último viaje hasta ahora fue de nuevo a Moscú, en el verano de 2019. Esta vez me alojé en un conocido hotel internacional de 5 estrellas. No podía ver la basílica desde la ventana, aunque el hotel era mucho más caro. Pero desde la moderna terraza de la azotea se veía el Kremlin. Tampoco estaba mal, como puede apreciarse en la fotografía. El sábado tenía tiempo libre y quería ir al centro con unos amigos de Moscú. El Kremlin, la catedral de San Basilio... lo habitual. La diferencia respecto a mi primera visita era sorprendente. Gente, gente por todas partes. La cola del Kremlin suponía más de dos horas de espera y se extendía hasta la Plaza Roja. Miles y miles de personas. Muchísimos turistas siguiendo paraguas de distintos colores. Hicimos un último intento, sin demasiada convicción, en la basílica, pero allí la cola también era interminable. Una imagen muy distinta de la de unos años antes.
Mi balance
Moscú es ahora una de esas ciudades abarrotadas de turistas de todo el mundo. Pero no me doy por vencido; volveré a intentarlo en invierno. Para mí es y seguirá siendo un destino especial.
Página fuente: merusonline.com/merus-travel-russia
